Toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado.
Esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley.
Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política.
El Artículo 24° de la Constitución Mexicana protege uno de los derechos más personales que tenemos: la libertad de creencias. Aquí se dice que cada persona puede creer en lo que quiera: en una religión, en ninguna, o simplemente en valores éticos o convicciones personales. Nadie puede obligarte a creer o a dejar de creer.
Además, esta libertad incluye el derecho de practicar la religión o creencia que elijas, ya sea solo o acompañado, en público o en privado. Puedes asistir a una iglesia, rezar en casa, meditar, participar en procesiones o no hacer nada. Siempre y cuando no cometas un delito, eres libre de expresarte como quieras en materia de fe.
Eso sí, hay límites importantes. No se puede usar la religión como herramienta política. Esto quiere decir que no se puede hacer campaña electoral o propaganda usando ceremonias religiosas o actos de culto. La religión no debe meterse con la política, ni la política con la religión.
Este artículo garantiza que el Estado mexicano es laico, y por eso todas las creencias se respetan por igual, sin privilegiar una sobre otra. Las autoridades no pueden favorecer a una religión en específico ni obligar a nadie a seguir prácticas religiosas.En resumen, el Artículo 24° protege tu derecho a creer, no creer, practicar tu fe o mantenerla en privado. Lo que importa es que tú decidas libremente, sin imposiciones del gobierno ni de nadie más.
