Un nudo letal se desató el 22 de julio: el intendente de Rosario, Pablo Javkin, reveló documentos que conectan a HLB Pharma y Laboratorios Ramallo fabricantes del fentanilo contaminado responsable de más de 50 muertes con el antiguo laboratorio Apolo, vínculo directo al tráfico de efedrina hacia cárteles mexicanos.

El escándalo no es nuevo, se remonta a 2016 cuando una explosión en el laboratorio Apolo desnudó expedientes por fraude y tráfico de efedrina. Sus antiguos directivos, incluidos Ariel y Damián García Furfaro y Jorge Salinas, ahora aparecen implicados en el origen del fentanilo adulterado consumido en hospitales, con consecuencias fatales.

  • Contaminación clínico-letal: El fentanilo fabricado por HLB y Ramallo fue hallado con bacterias como Klebsiella pneumoniae y Ralstonia pickettii, responsables de neumonías graves en al menos 40 infectados, 51 fallecidos y más de 50 muertes vinculadas.
  • Trazabilidad en ruinas: La ANMAT abrió 133 expedientes por “desvíos de calidad” en los últimos seis años. No hubo un solo lote sin alerta roja.
  • Laboratorio Pilar-Jesé C. Paz-Rosario-Planta en Ciudad del Este: Se descubrieron planeamientos de instalaciones clandestinas, con 82 máquinas valuadas en USD 84 millones, en un galpón de Paraguay.
  • Allanamientos y bienes congelados: Se ejecutaron 19 allanamientos simultáneos a directivos, incluidas residencias de los dueños, inmuebles, vehículos y cuentas bancarias intervenidas.
  • Denuncias de políticos contra ANMAT: Figuras como Graciela Ocaña advierten que HLB Pharma, con antecedentes en efedrina y fraudes al PAMI, actuaba bajo una supervisión regulatoria ausente.

Este no es un virus invisible ni un accidente imperceptible: es un veneno químico infiltrado en hospitales, vendido por un laboratorio con lazos narcos, con presencia pública, y una cadena de negligencia estatal que permitió su libre circulación.

El fentanilo mata, y lo hace a través de complicidad industrial, control deficiente y pasividad gubernamental.