En los Estados Unidos Mexicanos no se concederán títulos de nobleza, ni prerrogativas y honores hereditarios, ni se dará efecto alguno a los otorgados por cualquier otro país.
Si alguna vez soñaste con que México tuviera reyes, duques o condes, olvídalo. La Constitución lo prohíbe completamente. En nuestro país nadie puede recibir un título de nobleza ni pretender que es superior a los demás por un linaje especial. Este artículo se incluyó para evitar que haya privilegios por nacimiento, como ocurría en las monarquías europeas, donde solo las familias nobles podían tener poder y riquezas. Aquí no importa de qué familia vienes, sino lo que haces con tu vida.
Además, si alguien recibe un título de nobleza de otro país, en México no tiene validez legal. Así que si te dicen príncipe honorario de algún reino imaginario, solo te servirá para presumir con tus amigos, pero no te da ningún derecho especial ante las leyes mexicanas. Lo que sí se permite es dar reconocimientos por logros personales, como las medallas que otorgan las universidades o el gobierno a científicos, artistas o deportistas. La diferencia es que estos premios no te hacen superior a los demás, solo reconocen un mérito en particular.
En pocas palabras, en México nadie nace con más derechos que los demás solo por apellidarse de cierta forma. Aquí todos somos iguales ante la ley y lo que cuenta es el esfuerzo y la capacidad de cada persona, no su linaje.
